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SERIAL STEED & ISHIKAWA XVI

CAPITULO I: LA JUNGLA URBANA

 

ACTO I

ACTO II

ACTO III

ACTO IV

 

 

CAPITULO II: LA ISLA DE LA MUERTE

 

ACTO I

 

 

ACTO II

ACTO III

ACTO IV

 

CAPITULO III: LA ISLA DE LA MUERTE (SEGUNDA PARTE)

 

ACTO I

ACTO II

ACTO III

ACTO IV

 

CAPITULO IV: LA ISLA DE LA MUERTE (TERCERA PARTE)

 

ACTO I

ACTO II

ACTO III

ACTO IV

 

Kemal no necesitó apuntar. Su objetivo era la criatura más grande que el malayo hubiese visto jamás en su vida, ocupaba la totalidad del visor de la mira y mucho más. El pirata estaba más que acostumbrado al manejo de la artillería. En su propio barco allá en Tioman contaba con más de veinte piezas, nada tan potente ni de lejos como la obra de ingeniería que tenía ahora entre manos. Sin perder más tiempo, tiró de la palanca que liberaba el percutor. La detonación casi dejó sordos a los miembros de la tripulación. Lo habitual era que fuesen protegidos por auriculares insonorizados, mas no era este el caso. Kemal observó asombrado como un sistema neumático alimentaba automáticamente el cargador del cañón dejándolo listo para ser usado casi al mismo instante en que el primer proyectil hacía su impacto.

  La bala de doce libras de peso dio en la zona izquierda del vientre de la bestia penetrando su coriácea piel. Pero no dejaba de ser la picadura de un mosquito para una criatura del tamaño de un transatlántico. Kemal empezó a mover frenéticamente la palanca del percutor, entusiasmado por la rápida cadencia de fuego del vagón de batalla prusiano. Una andanada de tres impactos golpeó al enorme dinosaurio en su vientre de izquierda a derecha. La potencia de fuego de la máquina era brutal. Incluso con semejante arma de su lado, Kemal se daba cuenta de que no iba a ser suficiente. Quizás con un regimiento de máquinas de combate como aquella se podría detener al monstruo pero con un solo cañón lo único que estaba consiguiendo era enfurecerle más.

  Hela se agazapó y se dirigió hacia el vehículo blindado con una velocidad sorprendente para su tamaño. En cuanto estuvo a rango, Steed y Dickinson se unieron al continuo bombardeo con sus ametralladoras. Con la caída de la tarde veíanse las estelas de fuego de los proyectiles surcando los aires lo que daba al escenario un aire de siniestra belleza. El torrente de plomo candente que vomitaba el vagón de batalla prusiano ni siquiera consiguió frenar la carga de Hela. Lord Highbourne hacía lo humanamente posible para escapar de la bestia pero la maniobrabilidad no era uno de los fuertes del vehículo, y muchos menos dentro del poblado.

  Embistiendo desde el flanco derecho del vagón de batalla y usando su gigantesca cabeza a modo de maza propinó un sonoro golpe al blindado. El vehículo se levantó más de una yarda por aquel lado y tras unos instantes en los que amenazó con volcar volvió a caer con todo su peso.

-Joder. Me siento como un cocktail. -se quejó Dickinson

-¿Están todos bien? -preguntó Lord Highbourne

-Tan solo magulladuras y golpes por todos lados. -confirmó Steed

-Creo que me he roto un par de costillas, nada grave. -dijo Kemal intentando disimular el dolor que azotaba su costado

  Hela volvía de nuevo a la carga y los valientes tripulantes se prepararon para lo peor. De imprevisto, una enorme silueta negra surgió cayendo desde el cielo. Steed pudo ver que se trataba de un gigantesco gorila que había saltado desde lo alto del muro para ir a caer sobre el monstruoso dinosaurio que les amenazaba. El británico no entendía de donde había aparecido el nuevo contendiente aunque agradecía la improvisada ayuda.

  El ataque de Hela se vio frenado en seco cuando se produjo el encontronazo entre los dos titanes. La fuerza del colosal simio unida a la inercia de su salto envió al monstruoso reptil de bruces al suelo. La tierra retumbó a su alrededor y hasta el pesado vagón de batalla se elevó unas pulgadas sobre el suelo cuando el demolador impacto se dejó notar.

  La Muerte que Corre trató de recuperar la verticalidad, zafándose primero del simio gracias a las poderosas garras de sus patas traseras. El gran simio intentó agarrar el cuello de su enemiga ancestral pero las espinas traseras de Hela no le permitían hacer presa sin sufrir él mismo graves heridas, así que no pudo evitar que  se levantara. Los dos titanes quedaron por unos segundos frente a frente, evaluándose el uno al otro. Hela era más alta que Uhur, aunque el simio era de constitución más robusta. Los representantes supremos de dos razas que llevaban miles de años en guerra libraban su último combate.

  Aprovechando el respiro que el gran gorila les había conseguido, los artilleros volvieron a sus quehaceres. Las ametralladoras se encargaron de los más pequeños de la horda que volvían otra vez a unirse al asalto final. Kemal continuó disparando contra Hela, puede que sus disparos fueran solo una molestia pero podían darle alguna ventaja al fiero gorila que también luchaba contra el gigantesco dinosaurio. Tenía que echar una mano a su accidental aliado por su propio bien y el de todos.

  Steed aflojó la presión sobre el gatillo unos instantes. El ataque de los dinosaurios empezaba a perder intensidad. También debía empezar a dosificar los disparos, ya había consumido más de dos tercios de la cinta de munición. Algo llamó poderosamente su atención. A través de la puerta del muro llegaba otro gorila, mucho más pequeño que el que luchaba unas yardas más allá con Hela. Su pelo era de un intenso color blanco. Era la primera vez que veía un gorila albino. Más llamativo era aún ver que transportaba a alguien  encaramado sobre su lomo y agarrándose con los brazos al cuello. Aquello picó la curiosidad del británico que ajustó la posición de las lentes de sus anteojos para convertirlas en telescópicas. Una mezcla de asombro y alegría le invadió. Era Asa.

-¡Lord Highbourne, llévenos hasta el puente! ¡Asa está allí! ¡Junto al gorila blanco!

  Dickinson miró en la dirección que señalaba Steed.

-Esta mujer es increíble. -dijo el sargento que no daba crédito a lo que estaba viendo

  El noble hizo uso de toda la potencia que logró sacar al motor del vagón de batalla y se dirigió a toda máquina hacia el puente levadizo. Steed y Dickinson despejaban el camino con cortas y precisas ráfagas cuando los dinosaurios trataban de impedir su avance.

  El pequeño Uhur se puso algo nervioso e inquieto al ver acercarse a toda la velocidad a la ruidosa máquina. Asa lo tranquilizó hablándole suavemente y acariciando la parte de atrás de su cabeza.

-No pasa nada. Son amigos.

  El simio de blanco pelaje pareció relajarse cuando el vehículo se detuvo finalmente a su lado. La escotilla superior se abrió y de ella salió Patrick Steed. Estaba exultante y ni podía ni quería disimularlo.

-Y yo que pensaba que teníamos que rescatarte -rió- ¿Sabes que tienes un aspecto muy sexy? Ese toque tribal te sienta muy bien.

  Asa descendió de la espalda del pequeño Uhur y se reunió por fin con su esposo, fundiéndose los dos en un cálido pero corto abrazo.

-¿Quién es tu amigo? -preguntó Steed

-Es una larga historia. Ahora tenemos que ayudar a Uhur. -señaló Asa hacia el gran mono de pelaje oscuro

-Veo que ya os habéis presentado y todo -dijo Steed medio en broma-. Pero creeme, estamos en otra categoría. Nada de lo que podamos hacer parece afectar a esa criatura, ni siquiera el cañón de este trasto ha podido causarle más que alguna herida superficial.

  Asa no respondió, miraba fijamente a una de las torretas del vagón de batalla.

-¿Qué son esos tubos que sobresalen bajo la ametralladoras?

-Me imagino que deben ser cañones de aire comprimido. La gente de von Grueber debía usarlos para sedar a los dinosaurios en sus cacerías en la isla.

  Asa se dirigió hacia la boca de uno de los tubos e introdujo la lanza que portaba. Cabía en su interior pero el asta era demasiado larga. La japonesa volvió a sacarla y de un golpe seco contra su muslo quebró la resistente madera, partiéndola por la mitad. Ahora tenía el tamaño adecuado. Sin perder un segundo se encaramó al vagón de batalla y cuando ya estaba introduciéndose en el interior le recriminó a su marido.

-¡Vamos! ¿No querrás perderte lo mejor?

  Una vez dentro se dirigió hacia el puesto del piloto que ocupaba Lord Highbourne.

-Mrs. Ishikawa. me alegro de verla sana y salva. -dijo el noble al verla

-Muchas gracias, mylord. Ya tendremos tiempo después de ponernos al día. Ahora necesito que me lleve lo más cerca posible de ese dinosaurio.

  Las miradas del resto de tripulantes se cruzaron y fue Dickinson quién a su campechana manera expresó lo que todos pensaban.

-No está hablando en serio. ¿Verdad? -preguntó a los otros

  Nadie respondió.

-Tenéis que confiar en mí. tengo un arma secreta. -les pidió Asa

-¿Te refieres a ese trozo de lanza? -preguntó incrédulo Steed

-Sí.

  Si había una persona sobre la faz de la tierra en la que Steed confiaba era en Asa.

-Lord Highbourne. Acerque este cacharro todo lo que pueda a esa monstruosidad.

  A regañadientes, el noble accedió.

-Espero que sepan lo que se traen entre manos.

-Sinceramente, yo también lo espero. -dijo un no muy convencido Steed

  Maniobraron el vagón de batalla hasta que el morro enfiló en la dirección en la que los dos gigantes continuaban una frenética lucha a vida o muerte. Uhur, aprovechando su mayor agilidad, se colocó bajo las fauces de su enemiga y cargó. No fue suficiente para derribar al terrible dinosaurio pero le permitió ponerse en una posición fuera del alcance de los letales colmillos de Hela. El gran simio mordió con todas sus fuerzas el cuello del ciclópeo lagarto, que lanzó un chillido de dolor. Abrazados el uno al otro intercambiaban golpes y zarpazos que podían destruir montañas. Hoy los dioses caminaban de nuevo por la Tierra.

  Hela se encogió sobre sí misma. Mientras que con sus antropomórficas patas delanteras se protegía de la lluvia de puñetazos que Uhur le propinaba sin descanso, hacía a un tiempo palanca con sus poderosas patas traseras para quitarse de encima al simio. Con su prodigiosa fuerza acabó consiguiendo desembarazarse  de su enemigo, que se llevó de paso una fea herida en su peludo abdomen. Uhur cayó hacia atrás gritando de dolor mientras La Muerte que Corre volvía a ponerse en pié. Por fin había llegado el momento que había estado deseando durante tanto tiempo. El final de la raza creada por sus enemigos. El triunfo final de su especie como reyes incontestados de la isla.

  La madre de todos los reptiles se disponía a dar el golpe de gracia cuando oyó un sonido que reconoció y que le traía muy desagradables recuerdos. Los humanos de nuevo. Se giró para aplastar de un pisotón a la molesta máquina del olor nauseabundo que se acercaba a toda velocidad hacia ella. Aquellas molestas criaturillas parecían tener prisa por morir.

  Asa apretó el gatillo del cañón neumático y la lanza voló unas decenas de yardas hasta clavarse en el pecho de la gigantesca bestia. Durante unos momentos pudieron ver como Hela era envuelta por relámpagos que parecían salir de la propia lanza. La criatura se retorcía de dolor y entonces tuvo lugar un apagado ruido de explosión. Desde la espalda del titánico dinosaurio surgió un desagradable geiser de carne, vísceras y sangre. Por muy increíble que pudiera parecer, el poder de aquella pequeña lanza habia atravesado literalmente al ejemplar supremo de la raza de saurios. Hela cayó inerte al suelo paro no volver a levantarse jamás.

-¡Ja! ¿La Muerte que Corre? La muerta que duerme, diría yo más bien. -se burló Dickinson

  Los del resto de la tripulación del vehículo estaban aún demasiado asombrados para articular palabra.

  Asa fue la primera en salir del vagón. Cuando lo hizo, vio cómo un grupo de nativos con Ula al frente se acercaban hasta donde ella se hallaba. Todavía en la parte superior de la máquina de guerra. Uno tras otro, comenzaron a arrodillarse e inclinaron sus cabezas hasta tocar el suelo, quedando inmóviles en aquella posición.

  Steed, que salía en aquel instante por la escotilla, comentó al ver la sorprendente escena.

 

-No me extraña en absoluto que los salvajes te veneren. Ahora mismo, hasta yo tengo ganas de arrodillarme ante tí.

 

Y así termina este emocionante serial que nos ha regalado Raúl Montesdeoca. Esperamos que lo hayais disfrutado.

Nos vemos!!

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