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NUEVO SERIAL STEAMPUNK DE STEED & ISHIKAWA

Con motivo de la próxima publicación de “La Máquina del Juicio Final” por parte de DLorean Ediciones se me ocurrió organizar algún tipo de evento. Dicha novela estará protagonizada por Patrick Steed y Asa Ishikawa. Él, un perfecto gentleman inglés. Ella, una maestra asesina entrenada en las artes del ninjitsu. Ambos pertenecen al Buró del Servicio Secreto británico. Los agentes más letales de la Reina Victoria. Aventuras enmarcadas en el Steamverso, un mundo en el que la tecnología a vapor fue mucho más allá que en el mundo real y en el que la Historia muestra unas cuantas divergencias con el siglo XIX que conocemos.
Para dar a conocer a los personajes lo mejor es ofrecer una muestra. Pero para no dar un primer capítulo que os dejara con la miel en los labios, pensé que era mejor ofrecer una aventura completa y distinta a la que vais a encontrar en “La Máquina del Juicio Final”. Protagonizada por los mismos personajes más algún que otro nuevo. Un mini serial que continúa la acción justo donde la deja la novela. No os preocupéis porque se puede leer de manera independiente sin mayor problema y no contiene “spoilers” .
Espero que os guste y que eso anime vuestra curiosidad hacia estos personajes a los que tanto cariño les tengo.

 

RAUL MONTESDEOCA

LA JUNGLA URBANA

Ya se veían las estribaciones de la city en la lejanía. La locomotora del tren rápido Edimburgo-Londres devoraba las millas una tras otra, impulsada por el poderoso motor híbrido neumático que le permitía realizar el trayecto en poco menos de seis horas.

Patrick Steed miraba por la ventana las siluetas de las primeras casas que anunciaban su cercanía a la capital. El tren llegaría con puntualidad británica, tal y como estaba previsto a primera hora del día. Llevaban algún tiempo sin pisar la gran metrópoli. Tanto él como su esposa Asa Ishikawa, que también le acompañaba en aquel trayecto, habían pasado una buena temporada en Bal-moral recuperándose. Una gentileza de la propia Reina Victoria por los servicios prestados en el asunto de la Máquina del Juicio Final. Unos incidentes que le habían proporcionado más preguntas que respuestas. De entre tantas, una de las que más le urgía resolver era donde se encontraban el profesor Flabius Barnaby y el sargento Henry Dickinson.

—Un penique por tus pensamientos.

La voz de Asa le sacó de su ensimismamiento. Su esposa estaba recostada en uno de los sillones del coche cama que habían contratado para el viaje, cubierta por una fina capa de armiño para combatir el frío de la mañana. Estaba bellísima, como siempre.

—Desperdiciarías tu dinero, darling. No valen tanto.

—Cuando frunces el ceño de esa manera es que no andas en nada bueno.

—Pensaba en el pobre profesor. En estos últimos días no hago otra cosa.

La hermosa japonesa se levantó y fue a acurrucarse junto a su marido.

—Ya estamos llegando a Londres. Moveremos cielo y tierra para encontrarlo.

—Fue mi culpa. Yo lo metí en este infernal lío.

—No te tortures —trató de consolar a Patrick Steed acariciando su brazo.

El agente del buró del servicio secreto británico descansó su cabeza sobre la de su mujer sintiendo el agradable olor y la suavidad de su sedoso cabello negro. En momentos como aquellos estaba en el cielo.

Si todo iba bien en diez minutos estarían llegando a la estación del Puente de Londres, pero, definitivamente, algo no iba bien.

Un estridente y desagradable chirrido, de metal rozando contra metal, lo llenó todo. De repente se vieron lanzados contra la parte delantera de la cabina. El tren trataba de frenar bruscamente y habían chocado con algo. Steed trató de recuperar pie cuando de nuevo resultó zarandeado por los aires. El vagón que ocupaban volcó sobre su costado derecho. Comenzaron a oírse gritos de terror que llegaban desde los vagones delanteros y sobre los desesperados chillidos pudo oírse un rugido atronador que no se parecía a nada que Steed o Asa hubiesen escuchado nunca antes.

Asa Ishikawa se encaramó sobre la pila de muebles que se había formado y con un golpe contundente desencajó el cristal del marco de la ventana de su cabina. El frío de tan temprana hora invadió la cabina provocando un escalofrío en ambos. Ayudándose mutuamente consiguieron salir al exterior.

La mujer ninja no daba crédito a la escena que se desarrollaba delante de sus propios ojos.

—¡Es un dragón! —exclamó presa del más absoluto de los asombros.

En ese momento vieron contra qué había chocado el tren y por qué había volcado. Una criatura gigantesca que sobrepasaba las trece yardas de largo y las siete de alto ocupaba la vía férrea. El maquinista había tratado de evitar la colisión sin conseguirlo y el monstruoso animal la había tomado con el tren. Patrick Steed sabía que no se trataba de un dragón, aunque su esposa no iba muy desencaminada. Había visto una criatura similar antes en el Museo de Historia Nacional en Londres, se trataba de un Tiranosaurio Rex, con la sutil diferencia de que este estaba vivito y coleando. Y Con un humor de mil demonios, debía añadir.

El enorme lagarto volvió a emprenderla con la locomotora agachándose sobre la máquina, sujetándola con sus cortas patas delanteras. Lanzaba dentelladas contra el armazón metálico, que hacían que el resto de vagones se movieran como si de una serpiente se tratara. Después de varios intentos, el reptil se dio cuenta de que su presa no resultaba comestible ni suponía ya un peligro. Su vista se posó en las personas que empezaban a abandonar los vagones del tren, tratando de huir de la situación. El movimiento atrajo la atención de la bestia que giró su cabeza en dirección a los supervivientes olisqueando el aire.

Acababa de encontrar comida.

Con una agilidad sorprendente para un ser de su tamaño, la descomunal criatura se lanzó a la carrera tras uno de los grupos más numerosos que se habían formado. Los maltrechos viajeros trataron de desperdigarse, huyendo del titán como hormigas que intentan evitar ser aplastadas. Una mujer de mediana edad que iba elegantemente vestida no fue lo suficientemente rápida y desapareció entre las fauces del animal.

—Parece que vamos a volver al servicio un poco antes de lo previsto —dijo Steed.

Asa Ishikawa desenvainó sus afiladas katanas gemelas, asintiendo.

No sabían siquiera si podrían dañar a la descomunal bestia pero debían tratar de alejarla de los indefensos pasajeros.

Steed desenfundó su pistola de repetición. El tambor contenía seis balas de alto poder de penetración. El británico temió que no fueran suficiente para detener al coloso, para su increíble tamaño serían como picaduras de mosquito, aunque confiaba en poder alcanzar algún órgano vital del dinosaurio. No era necesario apuntar, su objetivo estaba a unas veinte yardas frente a él y su descomunal tamaño lo convertía en un blanco fácil. Lo difícil sería causar algún daño permanente a la criatura, incluso penetrar la blindada piel del reptil.

La primera bala impactó en la cabeza del tiranosaurio, unas pulgadas por encima de su ojo izquierdo. El enorme animal dio un respingo de dolor y se sacudió. Lo único que había conseguido era ponerle aún más furioso. La criatura estaba presa de una rabia y una furia desatadas. Ignorando a Steed como una amenaza, el gran saurio acabó con la vida de un orondo comerciante que intentaba huir de aquella pesadilla de otra dentellada. El agente pudo ver como las piernas del pobre desafortunado colgaban entre los dientes del gigantesco lagarto para desaparecer instantes después detrás de los monstruosos colmillos.

Asa Ishikawa trepó a lo alto del tren, que continuaba volcado sobre la campiña. Una vez arriba se lanzó a la carrera hacia delante, saltando de vagón en vagón. Trataba de aprovechar la altura extra que los vagones le ofrecían para obtener un mejor golpe contra lo que ella creía que era un dragón. Era difícil averiguar donde tenía los puntos débiles la criatura. Su anatomía era tan extraña y diferente. Tendría que improvisar, pensó Asa antes de dejar su mente en blanco, concentrada únicamente en el inminente y desigual combate que se le presentaba.

Steed disparó una segunda vez, consiguiendo atravesar el blindaje del tiranosaurio y atrayendo la atención del mismo sobre sí. Esa era la única buena noticia porque por lo demás no parecía que el proyectil hubiese causado al animal ningún daño de consideración.

Los ojos de la criatura se posaron sobre Steed y rugió con tal fuerza que el británico pudo notar en su cara el aliento del monstruo a pesar de la considerable distancia que los separaba. El dinosaurio se agachó hacia delante preparándose para cargar contra el insecto que había osado hacerle daño.

Antes de que eso ocurriera Asa descargó sobre el tiranosaurio dos tajos, formando una gran letra equis en la piel del enorme reptil. Sus hojas hendieron la carne del animal haciéndolo aullar de dolor. Herido, pero no acabado, el dinosaurio centró ahora su ira en Asa, arremetiendo contra ella. Las mandíbulas del coloso chasquearon en el aire a escasas pulgadas de Asa Ishikawa, que pudo esquivar el ataque gracias a su increíble agilidad. Como la mayoría de los reptiles, no se movía a gran velocidad, pero cuando atacaba tenía unos reflejos extraordinarios, obligando a la mujer a usar de lo mejor de sus habilidades para esquivar los afilados dientes de más de cinco pulgadas de longitud.

Patrick Steed apuntó a la cabeza de la bestia. Hasta el momento no había logrado más que molestarla y se hacía cada vez más necesario detener a aquella monstruosidad. Quiso la mala fortuna que en el tiempo que se tomó para realizar el disparo el tiranosaurio se girara para atacar a Asa desde la izquierda, quedando de espaldas al británico. Ya fuera por casualidad o por el propio instinto del gigantesco reptil, el caso es que usando su cola a modo de látigo envió a Steed al suelo, haciéndole fallar su tiro por yardas.

Asa reavivó su ataque. Le era prácticamente imposible acercarse al dragón si no quería quedar hecha trizas por los colmillos que continuamente amenazaban con rasgar su carne. Solo podía causar pequeños cortes en su mandíbula cuando respondía a las feroces embestidas del monstruo. En una de esas ocasiones pudo observar algo en el cráneo del tiranosaurio que llamó su atención. Unas extrañas protuberancias metálicas aparecían incrustadas allí, incluso habría jurado oír un característico zumbido eléctrico amortiguado por los aullidos de la criatura. Era algo totalmente antinatural que delataba que la mano del hombre estaba detrás de aquello. Quizás esa era también la razón de la inacabable ferocidad del saurio. La que había sido la kunoichi del clan Ishikawa empezó a dejar de ver a la criatura como un monstruo, tan solo era un animal asustado y torturado. No es que eso fuera a cambiar nada, igualmente debía ser detenido. Ya había causado demasiadas muertes. Asa también se dio cuenta de que si continuaba con su táctica de acoso, más pronto que tarde acabaría cayendo devorada por los enormes colmillos del carnívoro.

Steed intentaba recuperar la verticalidad. El esfuerzo hizo que sus doloridas costillas protestaran de dolor. Había salido despedido por el aire por el coletazo del gigantesco saurio. A toda prisa buscó por el suelo su arma automática, que había perdido en la caída. La encontró unas yardas a su derecha y recorrió el corto trecho. Volvió a apuntar, consciente de que con cada bala desperdiciada sus oportunidades de detener a la criatura disminuían considerablemente. Fue entonces cuando vio algo que le heló la sangre en las venas.

Asa continuaba en el techo del vagón volcado jugando el peligroso juego del gato y el ratón con el monstruo y por lo que veía, Steed habría dicho que era su esposa la que llevaba el papel del roedor en aquel desigual combate.

Con una velocidad vertiginosa, el tiranosaurio extendió su cabeza en un nuevo intento de acabar con lo que consideraba un molesto aperitivo. La japonesa no hizo intento alguno de esquivar la embestida y en un segundo fue tragada por el tiranosaurio.

El grito que Steed profirió fue tan desgarrador que hasta al reptiliano coloso le llamó la atención. Patrick sentía en aquel instante una sobrecarga de sensaciones que a duras penas podía contener. En su interior se mezclaban dolor, odio, impotencia y miedo en un cóctel que amenazaba con colapsar su consciencia. Actuando sin pensar apretó el gatillo de su pistola automática dejando que el resto de las balas salieran en una única y desesperada ráfaga. Alguno de los proyectiles debió alcanzar el corazón de la bestia o sus órganos vitales. Sufrió varios estertores que convulsionaron su cuerpo y segundos después cayó sin vida al suelo con un golpe seco y sordo.

Había acabado con la amenaza pero poco le importaba eso ya. Estaba en estado de shock, incapaz de asimilar lo que había sucedido, con la mirada perdida.

Unos movimientos en la tráquea del cadáver del tiranosaurio trajeron la esperanza de nuevo a su corazón. Abriéndose paso desde el interior del gigante con su espada corta wakizasi apareció la ensangrentada figura de Asa. Como en un blasfemo parto, trataba desesperada de introducir algo de aire en sus agotados pulmones.

Patrick Steed corrió hacia ella, abrazándola con todas sus fuerzas.

—Nunca vuelvas a hacer una cosa así. ¿Me oyes? Nunca —repetía una y otra vez mientras daba gracias al cielo por poder abrazar a su esposa.

Asa estaba demasiado agotada para responder nada, simplemente se dejó caer en la seguridad de los brazos de su marido.

Continuara...

 

Todos los martes un nuevo capitulo de este magnifico serial sobre las aventuras de Steed e Ishikawa, los agentes secretos victiranos mas famosos del Steamverso, nacidos de la desborante imaginación de Raul Montesdeoca.

 

¡Hasta el martes que viene!

 

Dlorean ediciones

 

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Comentarios: 7
  • #1

    Luis Guillermo (martes, 23 julio 2013 18:15)

    Vaya manera de regresar a Londres... La tranquilidad no está hecha para ellos.

  • #2

    Luque (martes, 23 julio 2013 18:27)

    Como secuencia precréditos, no está mal. Y lo de Steed, no sé si es un guiño o una casualidad, pero cada vez que leo el nombre pienso en Mrs Peel y la Ishikawa se queda en nada. Volveré el martes que viene...

  • #3

    Joseph (martes, 23 julio 2013 18:28)

    Como en el cine, donde hay películas que estan hechas para meditar y otras para entretener, la narrativa de Raul Montesdeoca pertenece a las lecturas que están hechas para entretener, sin descanso hasta la última línea. La primera vez te lees la aventura de un tirón, y solo entonces vuelves para atrás, en busca de detalles. Y entonces te das cuentas que los detalles en este caso no importan, porque la belleza está en la dínamica de la narración.

  • #4

    Raul Montesdeoca (martes, 23 julio 2013 19:51)

    Luque, poco hay de casualidad en estos relatos. Es un guiño homenaje a unos cuantos personajes de ficción. Los Vengadores (con nuestra comúnmente admirada Mrs. Peel), Modesty Blaise, James Bond, La Liga de Caballeros Extraordinarios, Shi y unos cuantos más que me dejo en el tintero para no aburrir en exceso.

  • #5

    Luque (martes, 23 julio 2013 20:08)

    Raúl, ya lo suponía. Y si es usted admirador (rendido admirador habría que decir tratándose de quien se trata) de Mrs. Peel, no le quepa duda que volveré el martes que viene...

  • #6

    Ricardo Plantagenet (jueves, 25 julio 2013 18:51)

    Me ha encantado. Me lo he leído a una velocidad de vértigo y me ha resultado trepidante. Todos los grandes mencionados por ti, Raúl me han gustado, otros no los he conocido, pero da igual. Estos dos me gustan.
    Lo único que me sobra es la cantidad de veces que se repite la palabra "yardas" y me encantaría que se midiese en metros pero entiendo que el steam requiere medidas inglesas y no europeas.
    Esperando que llegue el martes YA.

  • #7

    Raul Montesdeoca (jueves, 25 julio 2013 21:15)

    Gracias por tu comentario. Me alegra que te haya gustado. Te aseguro que a veces hasta para mí es un lío lo de las medidas imperiales. En el futuro hablaré más de pies o pulgadas para no repetir tanto lo de las yardas. Pero estando ambientada la historia en la Gran Bretaña victoriana es casi obligatorio tener que usarlas. Intentaré no abusar mucho de ellas.